NO HAY NADA MEJOR QUE SER ÚTIL PARA ALGUIEN
Lo que más disfruto hacer sin duda es servir a las personas, me encanta escuchar las historias de los demás. Sin embargo, me llaman mucho la atención las personas adultas, pues siento que todos en algún momento de nuestra vida llegaremos a esa etapa y todas esas personas tienen una vida llena de aprendizajes, que podemos aprovechar si así lo deseamos, ¿alguna vez te has sentado a escuchar las historias de tus abuelos? Al menos yo sí y me encanta poder comparar mi vida con la de ellos, y tomar todo lo bueno que pueda servirme. Por otra parte, me fascina escuchar a los niños, pues a lo largo de mi vida no he conocido algo más puro y sincero que la mirada de un niño, me encanta ver su esencia tan pura y su sencillez. Lo que más disfruto de ser catequista es compartir con ellos el sentido que le encuentro a mi vida, porque si siembro en ellos esa semilla, sé que cuando sean grandes crecerán sabiendo lo útiles y valiosos que son. Yo lo veo de esta forma: es como cuando enseñas a un niño a jugar futbol desde que es pequeño, cuando sea grande será mucho más bueno, que el que empieza a los 15 años; lo mismo sucede con la labor de enseñarles el valor que tienen como personas desde que son pequeños, para que cuando sean grandes esos frutos sean más frondosos, y durante el recorrido ellos también puedan sembrar la semilla en otros a través de su ejemplo de vida. Es muy importante que sepan que no están solos, que la vida puede parecer dura siempre que nosotros lo veamos de esa forma, pues cualquier cosa por más dura y difícil que sea, nos lleva siempre a un aprendizaje, que deben luchar por sus ideales y que sepan que sólo Dios basta.
Este camino no ha sido fácil, pues me doy cuenta de la realidad en la que viven muchos niños y esto me duele; niños que viven sabiendo que sus padres no los aman, niños que no tienen a sus papás, que sus papás matan, roban y delinquen, que saben que su papá tiene una amante que engaña a su mamá, niños menores de 11 años sin ganas de vivir, situaciones que empiezan a parecer normales pero que no lo son, situaciones que marcan y duelen. Por eso siempre lucho cada día desde lo que yo puedo hacer por ellos, trabajar en su proyecto de vida, porque ellos piensan que yo voy a enseñarles algo. Sin embargo, ellos siempre son los que me enseñan a mí.
Por eso los invito a que comencemos a mirar a nuestro alrededor y ver las necesidades que hay, y tomar la iniciativa de hacer algo para ayudar, porque he descubierto que no hay mayor satisfacción que ver sonreír a una persona sabiendo que tú fuiste parte de esa experiencia.
Diana Cristina Pantoja Ramírez
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