Más que solo una vocación.

Ana Virginia Aguilar
Más que solo una vocación.

Años atrás, para mí el canto era un hobby, un pasatiempo que yo disfrutaba sin embargo no era algo que me apasionaba. Considero que la razón principal por la que yo empece a cantar es porque desde que tengo memoria, el canto siempre estuve presente. Desde la manera en la que mi abuela me arrullaba cuando era una bebe, hasta la forma en la que mi mamá nos despertaba cada mañana poniendo música a todo volumen y cantando llena de alegría cuando mi hermana y yo éramos apenas unas niñas. Era evidente que el canto siempre despertó en mi una clase de alegría en mi y que siempre que cantará buscara canciones que provocaran en mi esa clase de positivismo y felicidad con la que quería empezar cada día.

Con el paso del tiempo, entré a clases de canto al colegio al que yo asistía, incluso formé parte del coro de nuestra primaria y asistimos a varios concursos y recitales. Ahora, el canto era tambien parte de mi formación ya que nos enseñaban técnicas con las que nosotras desarrollábamos no solo nuestra habilidad vocal, sino tambien nuestra disciplina. Pertenecer a un coro me enseño que la música es una de las artes en donde hay diversos elementos, todos combinados en una sola pieza; si uno va a tiempo distinto, desentonado o con una melodía distinta al resto, la pieza deja de ser arte. Ahí tambien descubrí que el canto es un conductor de un sin fin de emociones, no solo de la felicidad. Mayormente, en el coro sentía una clase de empoderamiento, una fuerza espectacular al escuchar más de 40 voces cantando, me sentía respaldada y aunque fuera una voz entre las muchas otras que había, sabía que - al igual que mis compañeras - cada voz tenía un peso importante en el resultado final.

Un día, totalmente fuera de lo que yo estaba acostumbrada, mi maestro de coro me pidió dar un paso al frente y me pidió que cantará todo el solista de la canción “Ameno,” algo que yo nunca había hecho. Camine, llena de miedo al no hacerlo bien, hasta el frente del grupo. Recuerdo que mi corazón palpitaba a toda velocidad, a tal punto que yo podía escuchar los latidos en mis orejas. Estaba tan nerviosa, al punto en el que ya no me sentía respaldada por el resto de mi grupo, sino vulnerable ante las expectativas de los demás. La verdad, la canción no era una pieza musical complicada, lo difícil era cantar como solista por primera vez, y recuerdo que en ese momento me concentré únicamente en mi voz, las emociones que quería proyectar y lo que quería yo sentir al cantar esta canción. Fue un sentimiento completamente distinto, me sumergí por completo en la música y mientras más cantaba, más me olvida de quiénes estaban a mi alrededor. Al finalizar la pieza, sentí una paz como nunca antes y al ver lo asombrados que estaban mis compañeras y lo orgulloso que estaba mi maestro de mi, sentí una alegría incomparable.

Fue así como encontré mi verdadera pasión; me adentré cada vez más a cantar como solista, a dejar que la música y el canto me dejarán poder sentir y proyectar un sin fin de emociones. Mientras más canto, y mientras más practico y me dejo a mi misma cantar en público, desarrollo habilidades que uso en mi día a día. Encuentro la pasión en cada pieza musical, la dejo que me absorba y pueda yo proyectarlo al resto de un público.

Y sí, aún siento nervios y me siento vulnerable previo al cantar en un público, se me seca la garganta y mi corazón a veces se siente al borde de estallar; pero una vez que me meto en la canción y canto con el corazón abierto, esa emoción es una de la que nunca en mi vida me cansaré. No quisiera nunca dejar de cantar, es parte de quién soy y de quien quiero ser.

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